Escritos Colaterales

My Photo
Name:
Location: Haedo, Buenos Aires, Argentina

Saturday, September 10, 2011

Consideraciones sobre lo urgente

El 11 de septiembre de 2001, el mundo cambió para siempre. Eso dicen, al menos. La realidad es que muchas cosas ya no volvieron a ser lo mismo que eran, pero otras siguen ahí, latentes, al borde de la ebullición. Hay situaciones que llevan décadas y décadas sin que un mínimo atisbo de esperanza permita vislumbrar que algo va a cambiar y, aunque ocurran lejos, en esta sociedad global ya nada está lejos.
La semana pasada, la Oficina de Ayuda Humanitaria de las Naciones Unidas reveló que solo en Somalía y Kenia hay 13,3 millones de víctimas de la hambruna que azota al famoso Cuerno de África. Según sus datos 146.000 personas requieren asistencia alimentaria en Yibuti, 4 millones en Somalia y 4,3 millones en Kenia. Además, 4,8 millones de personas necesitan urgente asistencia en Etiopía.
Para tener una visión más global del problema, la ONU presentó el Mapa del Hambre 2011, a través de su Programa Mundial de Alimentos (PMA). La cifra es alarmante: 1.000 millones de personas en todo el mundo sufren de desnutrición, un número equivalente a toda la población de América del Norte y Europa, juntas.
A veces, esta cifra nos puede parecer absolutamente lejana, ya que la Argentina se encuentra entre los países más afortunados del planeta. Efectivamente, este índice de Naciones Unidas establece cinco categorías, de acuerdo al porcentaje de personas desnutridas con respecto a su población. Nuestro país se encuentra en la categoría más alta, junto a los que también tienen menos del 5 por ciento, junto a Chile, Uruguay y Guayana Francesa, en Sudamérica y a Costa Rica, Cuba, México, Estados Unidos y Canadá, en el resto del continente. Brasil, se encuentra en un segundo escalón, entre el 5 y el 9 por ciento, mientras que Bolivia vive una peor situación, ubicándose en el cuarto grupo (entre el 20% y el 34%). Haití, desde luego, la pasa aún peor.
Desde esta perspectiva, sin duda todo nos parece lejano, pero la desnutrición es una realidad tangible en una Argentina que muestra cifras exorbitantes de crecimiento año tras año. Según el Indec, en la primera mitad de 2011, la gestión Kirchner en su conjunto ha logrado llevar el índice de pobreza al 8,3% y la indigencia al 2,4%. Las cifras extraoficiales (de las provincias y de algunas consultoras privadas) son un tanto más altas, desde luego. Si busca algún tipo de estadística acerca de la desnutrición, le deseamos buena suerte, estimado lector.
Desde luego, la recuperación de la economía es un proceso lento e interminable. Son muchos los avances que se han logrado en los últimos años, pero, ¿el hambre no es una prioridad? ¿Cuánto costaría eliminar el hambre en la Argentina? ¿Alguien sacó la cuenta? A principio de 2011, seis niños de una comunidad wichi del Norte Argentino murieron por desnutrición, pero no es necesario irse hasta los extremos del país para saber que eso existe. Sin dudas, la Asignación Universal por Hijo es un paso de gigante, pero el Estado debe velar por que llegue a todos los rincones de la nación, sin intermediarios, porque sin equidad no hay crecimiento real.

Tuesday, September 06, 2011

Los números del dolor

A veces los seres humanos sentimos la necesidad de darle algún tipo de utilidad a la muerte. En medio del dolor y de la irracionalidad, una pequeña hebra de electricidad recorre nuestro limitado cerebro humano y nos dice: “Por lo menos que la muerte no haya sido en vano”. La muerte de Candela (todos saben a quién nos referimos, porque hemos tenido una sobredosis de información sobre el caso de la pequeña asesinada), como la muerte de cualquier otro chico, no tiene ninguna utilidad. Simplemente no la tiene, por más que se busque.
Sin embargo, tal vez este sea un buen momento para hablar de chicos desaparecidos. Evidentemente, si a cada uno de ellos le ponemos un rosto, el dolor no nos dejará pensar con claridad. Hagamos entonces el ejercicio (es solo un ejercicio) de pensarlos en números.
La organización Missing Childrens señaló que desde el año 2000 hasta junio de 2011 se registró la desaparición de 6.456 niños en el país. Sí, leyó bien. Hasta la fecha continúan perdidos 187 niños y se encontraron 5.894, de los cuales, fallecieron 77 y están con vida 5.817.
En su elaborado informe, la entidad también tiene cifras acerca de los motivos de esas 6.456 desapariciones. Según el detalle, el 28% se van de la casa por motivos familiares, un sorprendente 39% por crisis de identidad, un 7% por discapacidad mental, otro 7% corresponde a chicos perdidos y un 19%, por sustracción. Dentro de este último grupo, se detectó que en 1.087 casos el raptor es la madre o el padre, mientras que 37 casos fue otro familiar y en 123 oportunidades fue alguien ajeno a la familia.
Del total de desapariciones, el 62% son niñas y el 58% tiene entre 13 y 16 años de edad. Y un dato más que interesante: el 67% de todos esos casos se registra en la provincia de Buenos Aires.
Ahora hagamos otro ejercicio: repase todos estos números, estimado lector, y después jure que todo esto no está directamente relacionado con la crisis de las familias en la sociedad argentina. Más allá de las trágicas sustracciones que nos conmocionan en los noticieros, los diarios, en las charlas de taxi, en el club, el trabajo o los portales de Internet, la realidad indica que muchos de nuestros chicos se encuentran en una situación de riesgo a causa de la crisis de la familia como primera institución de contención.
Sin dudas, la cultura del trabajo, la educación, la justicia social, la certeza de que existe justicia civil y penal, la seguridad, el acceso a los servicios y bienes básicos, el acceso al consumo superfluo, acceso a la vivienda, la posibilidad de viajar, el transporte digno, políticos ejemplares y una sociedad consciente de su potencial, podrían ayudar a recuperar la familia, la organización básica de cualquier sistema democrático. Este es un camino que no tiene fin, pero es preciso emprender de una buena vez.

Saturday, August 20, 2011

Los melones que se acomodan

Como seguramente habrá advertido, estimado lector, la semana pasada, es decir apenas concluidas las elecciones primarias nacionales, en esta sección ni siquiera hemos mencionado el tema. Desde luego, se podrá pensar que el motivo haya sido la indiferencia. Otro podrá decir que fue por olvido, por omisión, por ninguneo o incluso por beneplácito o descontento con el resultado.
No descartamos ninguna hipótesis, pero lo cierto es que todo es más divertido algunos días después. Durante toda la semana posterior, tal como ocurre siempre, los ganadores y perdedores salen a la luz, declaran, juran, prometen, amenazan, lamentan, ríen, lloran, agachan la cabeza, la levantan orgullosos, se resignan y todos, absolutamente todos, se reacomodan donde y como pueden.
Gracias a esta breve espera, pudimos ver esta semana a Duhalde reivindicando una vez más a la dictadura militar y retomar la ya extinta teoría de los dos demonios; al ruralista VIP Hugo Biolcatti transformarse en el Fito Páez de la oposición y luego admitir que un poco había mentido, porque a los ruralistas les está yendo bien con este Gobierno; a De Narváez admitiendo que en verdad Cristina está haciendo las cosas de manera correcta y que si bien fue muy crítico, en verdad él es un poco oficialista, a pesar de ser tan opositor; a Aníbal Fernández respirando profundo, porque según él, si la sociedad no los votaba a ellos estaba encaminada hacia el suicidio; a Macri saludando a CFK desde su crucero vacacional, en bermudas, mientras sus funcionarios anunciaban un aumento del ABL para sus votantes porteños; a Carrió admitiendo el fin de su carrera en la vida pública, lo cual hizo temblar al sector privado; a Ricardo (¿O es Raúl?...ya resulta imposible saber si es él o el padre) Alfonsín diciendo que era obvio que iba a perder, porque él no puede ir casa por casa convenciendo a la gente; y a Altamira jurando que para él es un verdadero milagro que la izquierda haya sacado el mismo 2,5 por ciento que viene sacando desde el regreso de la democracia. Realmente muy divertido.
Al que no vimos fue a Fito Páez (que no es solo él, sino también las abultadas huestes seisieteochistas que quieren hacer la revolución, siempre que no tengan que cruzar la avenida Córdoba hacia el sur). No le escuchamos decir que le da asco la mitad de Buenos Aires que votó a Macri y también Cristina, porque hay que dejar en claro que la presidenta ganó en casi todos los barrios, sobre todo en los más pobres, en los que el líder del PRO también había hecho diferencia. Tampoco le escuchamos decir que le da asco la mitad bonaerense que votó a Scioli. ¿O acaso es que el ex motonauta se pasó a la izquierda y nadie avisó nada?
De aquí a octubre pueden pasar muchas cosas, pero algo hace sospechar que antes del triunfo casi inevitable de CFK, habrá cada vez más oficialistas y muchos de lo que hasta hoy eran enemigos, pasarán a ser amigos sin pasado ni prontuario. Si hasta en 678 citaron a ¡¡¡Jorge Asis!!! Una vez más amigos, como ya sabrán, cuando el carro se pone en marcha, los melones se acomodan solitos.

Saturday, August 13, 2011

Alguien tiene que pagar

Luego de semanas enteras de manifestaciones en las calles y de una cruenta represión policial y parapolicial, el presidente chileno, Sebastián Piñera, eligió cerrar la disputa por la educación pública en el país trasandino, esa nación que ha sido modelo de progreso para tantos de nuestros dirigentes, desde Domingo Faustino Sarmiento hasta algunos de los más actuales políticos argentinos (principalmente de los partidos de derecha).
Los estudiantes chilenos se movilizaron pidiéndole a su Gobierno que de una vez por todas estructure un nuevo modelo educativo de acceso público, que complemente el sistema privado, cuyo costo es cada vez más excluyente para la sociedad chilena. En fin, le piden a Piñera que invente una especie de UBA, como tiene la Argentina, para financiar la formación de todos los jóvenes, y que el que desee cursar en una institución privada y pagar, también pueda hacerlo. Pero el proyecto de Reforma Educativa de Piñera, repudiado por alumnos, docentes, gremios y todo el arco opositor, prevé financiar los estudios de apenas el 40% de los jóvenes.
La primera respuesta, como ya todos han podido ver, fue una conciliadora represión con tanques hidrantes, gases lacrimógenos (solo en el edificio de la Universidad de Chile se arrojaron al menos 500 cartuchos), palos y detenciones masivas. La segunda, fue la persecución y el espionaje liso y llano contra los líderes estudiantiles y sindicales que convocaron a las protestas. La tercera la dio la semana pasada, tras la aprobación de su proyecto reformista, con un discurso que ya no deja margen de confusión: “Todos quisiéramos que la educación, la salud y muchas cosas más fueran gratis para todos, pero quiero recordar que, al fin y al cabo, nada es gratis en esta vida, alguien lo tiene que pagar; si le damos educación gratuita al 10% más favorecido de nuestra sociedad, lo que estaríamos haciendo es que el total de la sociedad, incluyendo los más pobres, con sus impuestos estarían financiando la educación de los más afortunados, y por lo tanto, quiero hacer un llamado a alejarnos de las consignas y entrar al fondo del problema”. Más claro, imposible.
La palabras y las acciones de Piñera reflejan y sintetizan el pensamiento neoliberal. Desde luego, omiten un detalle: la educación pública y gratuita es financiada por el Estado, es decir, cada uno de los contribuyentes del país. Inclusive, en algunos países, existe un impuesto especial para los más ricos, quienes contribuyen con una suma mayor a la del resto de la sociedad.
La educación pública, sin dudas, es un tema que toda la sociedad debe discutir. Los estudiantes chilenos propusieron un llamado a plebiscito, para que sea la misma gente la que decida el futuro del país, pero el Gobierno lo rechazó de plano.
Todo esto, deja algunas preguntas abiertas: ¿No tomó ya una decisión el pueblo chileno al elegir a Piñera como presidente? ¿La gente, la mayoría que lo votó, no estaba al tanto de que este político de origen neoliberal pinochetista tomaría este tipo de decisiones? ¿Es esta reforma educativa el verdadero motivo de que miles de jóvenes salgan a las calles, armen barricadas y se enfrenten a los carabineros, poniendo en juego su propia vida? ¿No será que existe un modelo de exclusión global por encima de estas cuestiones? ¿Cuán lejos está la Argentina de que alguna chispa pueda hacerla explotar?

Sunday, September 12, 2010

Dios y otros temas

La semana pasada, Stephen Hawking, el reconocido físico que ganó su fama y su mérito por sus trabajos sobre los agujeros negros, lanzó su primera gran obra tras diez años y reavivó una ancestral polémica que ha costado siglos de guerras a la humanidad. En “The Grand Design” (“El gran diseño”), el premiado científico aseguró: “En vista de que hay una ley como la de la gravedad, el universo puede crearse y se creará a partir de la nada. La creación espontánea es la razón por la que hay algo en lugar de nada, por la que existe el universo, por la que nosotros existimos”. Según estas palabras, Hawking sostiene que el universo podría haber sido creado sin la intervención de Dios.
Lo fascinante de la polémica, es que esta mente brillante, no sólo se atreve hoy a debatir esta idea con la comunidad científica y la sociedad, sino también consigo mismo, ya que en su “Breve historia del tiempo”, él parecía admitir la existencia de una deidad creadora, explicando que el conocimiento humano podría permitir “conocer la mente de Dios”. En 2010, el erudito se refuta a sí mismo y asevera que el universo puede ser explicado mediante fórmulas complejas.
A Hawking, este trabajo le llevó unos diez años de estudio e incluye muchos de los descubrimientos que se han hecho sobre el cosmos en todo ese período.
La red 2.0 deja en evidencia lo fácil que es discutir absolutamente cualquier tema con la liviandad más absurda y con esa clase de insolencia que solo da la soberbia del que cree conocerlo todo. Hawking, una mente como pocas en el mundo, que admitió que hasta él mismo podía refutarse, puede ser discutido, minimizado e inclusive insultado por cualquier taxista, con el debido respeto que seguramente merezcan los taxistas.
Ni bien se difundió el trabajo, la red 2.0 multiplicó al infinito los comentarios a favor o en contra de la existencia de Dios, como si se tratara de un referendo en el que la mayoría o el que insulta con letras más grandes consiguiera ser dueño de la verdad.
Esto ya no es sorpresa. No nos volveremos conservadores en 2010, ya entrado el siglo XXI. Nadie se asombra ya de este fenómeno denunciado por Enrique Santos Discépolo en “Cambalache”, a mediados del siglo XX, y por Voltaire, en el XVIII (y por tantos otros). Todos sabemos que ya todo es igual.
¿Pero qué pasa cuando los que no saben son los que tienen que saber? Uno entiende que un taxista (perdón por la insistencia con el rubro) pueda no haber leído la obra de Hawking, que no conozca los trabajos de Newton y que no entienda la teoría de la relatividad (incluyendo la posibilidad de “doblar el universo”, que sería maleable). ¿Qué ocurriría si, por ejemplo, un legislador votara leyes que no leyó e inclusive las defendiera encendidamente? ¿Y si un arquitecto construye edificios sin entender los procedimientos básicos de la edificación urbana? ¿Y si un policía no entendiera qué es lo que la Ley le permite? La impericia se ha hecho carne en nuestra sociedad, al punto tal que desarrollamos un culto a la improvisación. Y otro culto, aún más grande, a la soberbia.

Xenofobias orgánicas

Durante los últimos meses, las líneas de esta sección han insistido, por una u otra razón, en la inminencia de un brote global de xenofobia simbólica y concreta, de discriminación organizada y han alarmado también sobre el retorno a episodios atroces en la historia de la humanidad. El nazismo no ha resurgido de sus cenizas porque su brasa nunca se apagó y siguió ardiendo en el corazón de la sociedad capitalista.
Los escenarios que se vislumbran tras la crisis financiera internacional tienen el mismo color que los que vieron los hombres y mujeres durante las décadas de 1920 y 1930. La caída de los negocios de la especulación generó cierre de industrias y comercios, desempleo, caída del consumo, falta de dinero circulante, hambre, luchas sociales, guerras... los síntomas son innumerables. Pero de una u otra manera, el sistema siempre se las arregló para buscar chivos expiatorios en los extranjeros, en quienes profesan otro credo y en quienes tienen otra historia, otra preferencia sexual u otra ideología.
Para el mundo, 2010 será recordado como el año en que la xenofobia volvió a ser sistematizada y orgánica. Y esto, es solo el comienzo.
El puntapié inicial (la palabra puntapié nunca fue mejor utilizada) lo dio el estado de Arizona, en los Estados Unidos al modificar sus leyes migratorias, no solo para expulsar a los extranjeros en situación irregular, sino también para considerar como “potencial ilegal” a cualquier presunto delincuente capturado. Esto significa que cualquier persona sospechosa deberá someterse a una averiguación de su situación migratoria, considerando que criminal y extranjero, son casi sinónimos. Esta medida ha sido condenada por otros estados y por el propio Gobierno de Barak Obama, pero entró en vigencia.
Y Europa nunca se queda atrás, porque se considera pionera en la materia. España, Italia, Francia, Alemania, las grandes naciones de la Europa Occidental (descontemos a Gran Bretaña, porque queda lejos de la Europa pobre y además es excluyente en costo de vida), iniciaron hace tiempo la expulsión no formal de inmigrantes africanos, asiáticos, latinos y, sobre todo, de europeos no comunitarios.
Solo el año pasado, Francia deportó hacia Rumania y Bulgaria unos 10.000 gitanos. Pero en 2010 este tipo de medida pasó a ser formal, orgánico, sistemático. Se abrió una literal cacería de inmigrantes “sin papeles”, que hoy son los que sostienen laboralmente la fuerza productiva de cualquier país de los que se consideran “el primer mundo”. La semana pasada comenzaron los primeros vuelos y los deportados se multiplican por miles.
En tanto, se estima que uno de cada diez inmigrantes en el planeta proviene de Latinoamérica y el Caribe (dato de Naciones Unidas), solo si se toman como referencia los migrantes legales, pero la cifra sería muy superior. Argentina, por su parte, sería uno de los principales receptores de inmigrantes intrarregionales y esa cifra será corroborada luego de que se realice el Censo 2010.
Los cálculos previos indican que en el país viven, trabajan, se educan y pagan impuestos unos 2 millones de bolivianos, unos 260.000 paraguayos (en situación regular), más de 80.000 peruanos y al menos 40.000 uruguayos (la cifra surge del padrón electoral de uruguayos en el país), además de 60.000 chinos y 35.000 coreanos, solo por nombrar algunos. Y esto, en un país que rasguña los 50 millones de habitantes.La Argentina, a pesar de que de una u otra manera se encarga de discriminarlos, ha sido un verdadero ejemplo en la región y en el mundo. Tal vez sea una buena oportunidad para no copiar ciertos modelos y desarrollar un país más inclusivo, con oportunidades para todos.

La era nuclear

La semana pasada se cumplió un nuevo aniversario del Holocausto en Hiroshima, que puso fin a la Segunda Guerra Mundial, hace ya 65 años. En Cuba, Fidel Castro reaparece en el ámbito público tras su larga y complicada enfermedad para advertir al Parlamento de su país que el mundo se acerca casi inevitablemente a una guerra nuclear, al punto de dirigirse por primera vez al presidente estadounidense Barak Obama. Los gobiernos de Iran y Corea del Norte endurecen su posición y rechazan los condicionamientos de Naciones Unidas para la producción de energía atómica. Obama, último premio Nobel de la Paz, los amenaza con una intervención militar (y civil, como siempre ocurre), retira sus tropas de Irak, refuerza su ejército de ocupación en Afganistán y se queda con decenas de miles de soldados disponibles para utilizar donde desee. Después de casi cuatro meses, la empresa British Petroleum (BP) logró sellar la pérdida en su pozo marino del Golfo de México, tras derramar unos cinco millones de barriles de petróleo crudo, en la mayor catástrofe ambiental que se recuerde. Estados Unidos está a punto de firmar un acuerdo para comenzar a producir energía nuclear, nada menos que en Vietnam.
Es hora de hablar de energía nuclear, pero en serio, sin entrar en ecologismos torpes.
Como es de conocimiento público, la energía producida por combustibles fósiles no es renovable y tiene los días contados. Es probable que el barril de combustible crudo jamás vuelva a costar 60 dólares, tal como puede comprobar cualquier conductor que pase por la estación de servicio a cargar un tanque de nafta.
En todo el mundo se siguen haciendo intentos para generar energías alternativas. En la última semana se conocieron algunos intentos por desarrollar aviones eléctricos y la idea de instalar molinos de energía eólica en medio del mar, para aprovechar al máximo el poder del viento. Inclusive varios países como Brasil han avanzado hacia energías provenientes de combustibles biológicos, como el etanol, que compite en precio con el gasoil, pero abrió una polémica respecto a qué pasaría si las superficies sembradas para alimentos se suplantaran con cultivos para biocombustibles. Y ni que hablar del éxito parcial de la energía solar, que resulta sumamente útil para paliar la falta de tendidos eléctricos en zonas alejadas (como ocurre en algunas zonas del Norte argentino), pero que no dan indicios de que puedan abastecer a una sociedad, con sus transportes, sus fábricas y su vida diaria completamente digitalizada.
Por eso, es hora de que la energía nuclear deje de ser un tema solamente ligado a los conflictos bélicos y pase a formar parte de la agenda cotidiana. Al finalizar la última Cumbre del Mercosur, en San Juan, Argentina y Brasil firmaron un acuerdo de cooperación en esta materia, que no tuvo repercusión, pero que abre la puerta a la producción de esta energía en conjunto. Argentina, no solo ha sido pionera en esta materia, sino que hoy es una de las principales proveedoras de tecnología para el enriquecimiento de uranio, lo cual genera trabajo calificado y posicionamiento industrial en el mundo.
La población debería ser informada de que se trata de una industria segura; que la catástrofe de Chernobil (también una catástrofe ambiental) dejó 80 muertos, pero que las condiciones de la industria automotriz le quitaron la vida a 2 millones de trabajadores en 2007 (para no hablar de su impacto en el ambiente); y que, tal vez, ligar su desarrollo a cuestiones bélicas les convenga a quienes buscan tener el control de esa energía en el futuro.

Saturday, July 31, 2010

Una nota de color

Después de varias semanas de dedicar esta sección a temas políticos, se le ha planteado a este reportero el desafío de escribir algunas líneas coloridas acerca del matrimonio entre personas del mismo sexo, sin entrar en la chabacanería, ni en el chiste fácil, ni en los lugares comunes. Después de varios días de analizar esta cuestión, de dialogar con personas idóneas y con taxistas, de mirar horas de televisión, de leer diarios y revistas, de rastrear en Internet portales de noticias y blogs, es necesario confesarlo: es literalmente imposible.
El debate social que se generó en torno a esta cuestión relacionada directamente a los derechos humanos fue y es realmente profundo. Más allá de las bestialidades que se han proferido de uno u otro bando, la sociedad se ha movilizado y cualquier manifestación jocosa al respecto resultaría insultante.
Y eso mismo es lo que ha hecho la gran mayoría de los medios de comunicación (distribuidos en dos o tres manos): han insultado la identidad sexual de las personas, se burlaron insidiosamente de su salud mental, cuestionaron su honradez, las criminalizaron y jugaron con el concepto de amor entre dos seres humanos, revolcándose en las imágenes perversas que sus mentes tienen acerca de la sexualidad.
Todos los chistes sobre homosexuales, sean hombres o mujeres, ya fueron hechos.
Pero el problema (claramente lo es) no radica esencialmente en lo que los medios de comunicación puedan comunicar o no, sino en el seno mismo de esta sociedad que lleva aún la xenofobia a flor de piel, que en el día a día hace mofa de las elecciones sexuales, de las tradiciones culturales y religiosas, de las convicciones políticas, de las capacidades diferentes y de cualquier otra cosa que rompa su mediocre y presunta naturalidad. Y esto incluye tanto a los que se burlan de un homosexual como a los tantos energúmenos que esconden su xenofobia religiosa anticatólica detrás de supuestos discursos progresistas.
Aunque nos duela admitirlo, los medios de comunicación no son sino un amplificador de la intolerancia masificada y arraigada en los corazones. Aunque no sean mayoría los que se atrevan a exponer claramente su xenofobia en los medios, en los ámbitos privados, en las esquinas, los comercios, los taxis, las reuniones de amigos o de trabajo, detrás del más sensato y tolerante de los discursos sigue un guiño cómplice, una sonrisa pícara y el chiste vulgar que enmascara nuestra discriminación congénita y cultural.
El matrimonio entre personas del mismo sexo (porque no es ni “matrimonio gay”, como dicen sus opositores, “ni matrimonio igualitario”, como piden quienes están a favor) ya es Ley. Ahora vendrán algunos chistes más en cuanto lleguen las primeras bodas, la homofobia se extenderá hasta que regresen de sus lunas de miel y se irá recluyendo lentamente hasta quedar latente hasta la próxima oportunidad, cualquiera sea el blanco de esa xenofobia. ¿Quiénes serán las próximas víctimas de nuestra intolerancia? Tal vez, algún día, las víctimas seamos nosotros mismos.

Artículo publicado en Rèport del 26 de julio de 2010.

La deuda interna

Hasta el más optimista, hasta el más kirchnerista de los kirchneristas, hasta los de “6, 7, 8”, incluso hasta Diego Torres, que se fue transformando en el cantor de la esperanza y los pedos de colores, sabe con certeza que las deudas internas en este país son exorbitantes y que no hay canje que valga. Aquí no hay quitas, ni intercambio de bonos, ni negociación válida.
Lo interesante es que la sociedad argentina pueda hablar de esto justamente hoy que se han conseguido saldar algunas de esas inmensas deudas: el matrimonio entre personas del mismo sexo; la asignación universal por hijo exenta de intermediarios políticos; la estatización de los haberes jubilatorios y el ingreso al sistema previsional de personas que no han podido hacer aportes porque estuvieron fuera del sistema laboral; y la ley de medios audiovisuales, entre algunas otras.
Todos estos logros de la sociedad civil organizada todavía son nada en comparación con lo que aún resta. ¿Son reclamos saldados? En gran parte sí. ¿Son motivo de festejo? Sin duda. Pero todos ellos son apenas los primeros escalones sólidos para alcanzar objetivos aún más complejos.
El principal de ellos, que nunca debe ser olvidado, es la eliminación de la pobreza. Que mes a mes se vean reducidos los índices de desocupación y subocupación, la disminución de la mortalidad infantil (excepto en la ciudad de Buenos Aires), y la baja en los niveles de pobreza e indigencia, aún deben ser festejados con cierta vergüenza, porque los pibes se siguen muriendo, siguen siendo víctimas del delito, del abuso, de las drogas y de un mundo que les niega oportunidades. Y los recursos para evitarlo existen.
Tampoco se puede siquiera esbozar una sonrisa mientras no haya justicia. Es cierto que quienes cometieron crímenes de lesa humanidad y sus ideólogos están siendo juzgados, pero la sociedad no puede descansar tranquila por las noches mientras no se encuentren los culpables de los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel; ni a los responsables de la explosión a la fábrica militar de Río Tercero; ni a los asesinos intelectuales de Kosteki y Santillán, de las víctimas de 2001, del maestro Fuentealba, de los chicos de Bariloche o de tantas víctimas de los movimientos sociales; ni a quienes mataron aún más personas con sus negociados ilícitos con fondos públicos.
¿Y Malvinas? ¿Y los que murieron en Malvinas? ¿Y los que no se murieron allí, pero a veces hubieran deseado haberlo hecho ante tanta indiferencia? ¿Y los salarios de los trabajadores? ¿Y la redistribución más justa de la riqueza? ¿Y ese IVA ya casi aberrante que pagan pobres y ricos por igual? ¿Y la corrupción a nivel político, sindical, asociativo y empresarial? ¿Y las desigualdades en materia de salud, educación, acceso a la vivienda, acceso a los bienes culturales y a la tecnología?
Bienvenidos sean todos los logros en este largo camino de la deuda interna, pero es importante saber dónde está parada esta sociedad, para poder saber también hacia dónde ir.

Dos modelos

Los matutinos porteños y los canales de noticias, especialmente los pertenecientes a los grandes monopolios, siempre hablan bien del Brasil de Lula. Les encanta el tipo. Más que nada, porque no vive ni gobierna en la Argentina. Casi les erotiza que se reúna con empresarios, hable de rentabilidad, que se muestre ante la comunidad internacional como un líder que representa a un mundo no alineado con el imperio, que recorra las zonas marginales y que aplique políticas de redistribución de los recursos sociales. Gracias a todo esto, el hombre ha logrado librarse de aquel feo mote que le habían puesto. “Sindicalista”, le decían. Pero ya no; no tiene por qué cargar con ese horrendo pasado y, además, “quién no tiene un muerto en el placard”, sostienen.
Pero además, Lula tiene números para exhibir, además de las pruebas incontrastables de la solvencia de las empresas estatales. El tema, es que a diferencia de mandatarios anteriores, se enfocó en el desarrollo industrial, especialmente en las llamadas industrias duras, innovación tecnológica, turismo y servicios, a la vez que buscó “blanquear” a sectores sumamente informales como el agropecuario o el de la construcción.
Y como si fuera poco, ha logrado mantenerse en armonía con la región. Participó de la creación de Unasur, maximizó las relaciones comerciales con países como Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Ecuador y Venezuela, entre otros.
Lamentablemente, le queda muy poco tiempo de mandato.
Nada que ver con nuestra presidenta. ¡Cuánto que tiene que aprender de Lula! Por algo a los medios no les gusta. Y razones no les faltan. El hecho de que Cristina Fernández de Kirchner, también conocida como Cristina o simplemente como CFK, se reúna con empresarios les revuelve el estómago casi tanto como que hable de rentabilidad o que se muestre ante el mundo encabezando un grupo de países aislados por no seguir el ritmo del resto del planeta. Y eso para no hablar de sus políticas demagógicas y populistas a las que llama “redistribución”. No puede evitarlo, porque su pasado de “montonera” la condena y, como se sabe, nadie puede librarse de su pasado. Uno es lo que es, ¿no?
Esta mandataria de tendencia claramente estatista, lo único que hace es exhibir números que se basan únicamente en su extraño enfoque económico basado en el desarrollo industrial, especialmente en las industrias duras, la innovación, el turismo y los servicios, dejando de lado al capital financiero que tantos buenos resultados le ha dado al país. En ese mismo sentido, también parece incomprensible la injerencia del Gobierno en el Campo y la construcción, verdaderos constructores de la historia del país, que fueron y son sometidos a una gran presión fiscal.
Pero lo peor de todo quizá sea el aislamiento que ha sufrido la Argentina al enfrentarse al mundo civilizado, apostando a las relaciones carnales y corruptas con el tercer mundo. En contra de toda lógica, Cristina participó de la creación de ese invento titulado “Unasur” y se dedicó a ligarse de manera poco conveniente con Brasil, Chile, Uruguay y otros estados dictatoriales como Bolivia, Ecuador y Venezuela. Por suerte, ya le queda poco tiempo en el poder.
Y bue..., evidentemente, se trata de dos modelos diferentes.

Friday, June 25, 2010

Las joyas de la abuela

Algunas mañanas de invierno tienen algo de melancolía cuando se camina por las calles de empedrado. En el centro ya no hay, por supuesto, pero más al sur sí y cuando las últimas nieblas de otoño aparecen de a ratos, la roca lisa y brillante refleja esa luz que surge de la mezcla del primer albor y del naranja de los neofaroles que ahora llamamos simplemente “postes de luz”.
Y, sí, la mañana pedía un tanguito (cuanto más melancólico, mejor). Por suerte había muchos en el mp3, desde Charlo y Gardel hasta Rubén Juárez y Ariel Ardit. Adentro había de todo y todo ese 'de todo' comenzó a sonar aleatoriamente mientras el sol empezaba a blanquear la cal de los paredones de las fábricas.
La mirada, que se caía por la ventana, mitad por el sueño, mitad por los recuerdos, suele distraer el oído, algo frecuente para quien viaja escuchando música o la radio: uno se tapa los oídos para escaparse unos minutos de la realidad y esa misma realidad se lleva cautiva la mirada. Así fue que el comienzo del tango “Antiguo reloj de cobre” pasó completamente desapercibido. “¿Qué hace Pugliese acá?”. La cabeza buscaba vestigios del momento en que el santo de la buena suerte se coló en el reproductor, pero nada.
Ahí estaba Miguel Montero cantando “cuatro pesos sucios/por esa reliquia,/venganza del mundo/taimado y traidor”. Claro: el tipo había vendido el reloj que le había dejado su viejo (que en paz descanse), pese a que era una reliquia con un gran valor sentimental, porque él mismo había jugado con él de chiquito, ante la mirada cariñosa, pero también temerosa, del padre, porque un reloj (y más uno de cobre) era algo muy caro en ese entonces. Pero él ya tenía canas y esa joya valía solo “cuatro pesos sucios”, lo justo para comer él y su pobre viejita. Un verdadero melodrama que podría haber formado parte de una obra teatral del post-sainete (o grotesco criollo), desde Armando Discépolo a Roberto Cossa.
En fin. Llegar a la redacción para un cierre de edición implica dejar de lado estas cuestiones para pensar esta sección, en la que lo que hay que contar otro tipo de historias un poco más reales. “Esas cosas suceden en los tangos o, de última, en ese complicado mundo de 1930”, piensa uno.
Sin siquiera tiempo para imaginarlo, Internet y sus portales de noticias (que eliminan toda chance de melancolía y dejan sin aire los bandoneones) estaban cantando un mismo tango: “Grecia vende sus islas para salvarse de la crisis”. Bueno, no hay muchos tangos escritos sobre Grecia, pero este parecía uno de esos. Mire: el muchacho que se vuelve un atorrante y se da dique de dandy mientras la viejita se rompe el lomo y las manos lavando ropa; la mina que creyó todas las mentiras del chanta que la engrupió y la dejó ya envejecida, en Pampa y la vía; y el muchacho del reloj de cobre, que vendió la última joya familiar. Este argumento en nada se diferencia a la crisis griega en la que un pequeño grupo de buitres financieros robustecieron sus bolsillos y mostraban su éxitos ante el mundo, a costa de la espalda de los millones de trabajadores que creyeron las mentiras de los gobernantes cómplices de esos atorrantes que se quedaban con los beneficios del neoliberalismo, hasta que llegó el momento del epicentro de la crisis, el desempleo, la desesperación, la bronca, el castigo a la bronca, la cana y, finalmente, el ajuste estremecedor. Hoy, se anunció la puesta en venta o alquiler de Mikonos, Rodas y Nafsika, entre otras joyas no griegas, sino de toda la humanidad.
Solo una cosa más: en los tangos, tras la desgracia suele sobrevenir la redención y el perdón. ¿Qué ocurrirá en Grecia segundos antes del último “chan-chán?